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Relatos eróticos. Diario de una groupoaholic

Si no han urdido planes para la noche del viernes o la del sábado dejen que les sugiera uno inmejorable -piensen que soy una prepotente y una sabelotodo si quieren-. Sólo para quienes estén en Madrid, a las 22.30 vayan al teatro Arlequín a ver a Victoria Siedlecki en la representación número trescientos y pico de Relatos Eróticos. Confieso que yo en invierno, cuando se representaba el jueves, fui dos seguidos. Y les digo más: volvería… Pero mejor hablamos de las personalidades con tendencias adictivas en otro momento.

A estas alturas, muchos y muchas de Uds. han cometido la locura de seguir mis sugerencias… Y se han alegrado. Y es que cuando yo lo digo, siempre es por algo. Sinceramente, aún sigo perpleja ante la capacidad de Victoria para, no sólo memorizar sino interpretar maravillosamente una hora y media de texto (para que se hagan idea, cuando escribía guiones, calculábamos que un folio de texto equivale a un minuto de diálogo; así que, vayan calculando lo que esta mujer almacena en su disco duro… Ah, y tengan en cuenta que habla al doble de velocidad que un humano medio). Ella solita enfrenta al respetable, con quien empatiza, charla y bromea… Una sola persona, vestida de rojo, un total red desde arriba hasta los taconazos, se ilumina en el centro del escenario. Abre cantando a capella “no hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo”. Así, a palo seco, sin alardes de escenografía ni de efectos. Después se inicia la parte esa que nos podemos aplicar casi todas, acerca de esperar la llamada de él. Risas cómplices se levantan ante eso que pensamos siempre: “no lo voy a llamar enseguida, no vaya a creer que estoy desesperada…”.

Amén de que recita e interpreta fragmentos de Las Mil y Una Noches (explicando su argumento), de Quim Monzó, de Ana María Bobo o de Mario Benedetti,…, introduce adaptaciones y nexos de su propia cosecha, bien para señalar la tremenda diferencia entre la manera de concebir el arte de la seducción en Occidente (imbuído de la cultura judeocristiana que castiga el placer y culpabiliza el sexo) respecto de la visión de Oriente (lúdica y tántrica, edonista de la sexualidad), bien para regalar consejos en el arte de ligar, o para evolucionar desde una canción a una disertación, pasando por un conato de número de baile o con tirarle un guante al público para que participe… Y todo creando una energía seductora y erótica irreprochable: medida y contenida. Con decirles que las mujeres asistentes salen de la obra adorándola, a pesar de lo tremenda que está… Es tal la presencia de Victoria Siedlecki que llena el escenario en todo momento y no se echa nada en falta.

Dejen que rescate algunas palabras y frases clave de la función y, si van a verla, algo que les recomiendo encarecidamente, ya me contarán. “Esta clase de certezas se tienen sólo una vez en la vida”, ¿recuerdan quién y dónde se dice? O “el amor y la pasión son plantitas que hay que regar todos los días”. Pero recuerden también “berejena”, “bomberos”, “gordito pero atlético”, “anuncios por palabras”, extranjera “con papeles” o “el sexo de los ángeles”… No hay un instante para la desconexión; intensos, los textos se suceden como los estados anímicos adonde las respectivas historias nos conducen de la mano de una narradora maravillosa. ¡Se lo van a pasar tan bien!

 

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