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Compro luego existo. Diario de una groupoaholic

Feliz estoy; no contenta ni alegre. Y lo estoy porque algunas cosas empiezan a cobrar sentido, incluido el hecho de que empiezo a colaborar con Groupon. De los detalles acerca de mi universo privado les libero, por su propio bien; pero respecto de mi fichaje, qué quieren que les diga… Dudo que exista nadie con un perfil más indicado que el mío para esto, estoy convencida. Vaya por delante que cumplo el requisito previo: soy cliente de la empresa desde hace mucho tiempo. Y, por supuesto, adicta a internet. No me importa confesar que mi cibervida es harto más satisfactoria que la que tiene lugar en estas coordenadas espacio-temporales donde una sufre calor, migrañas, dolor de pies y resacas frecuentes…

Online he desarrollado proyectos de los gordos. Ratón en mano, logro hacer mil cosas al tiempo -lo que podría ser la causa de mi incipiente problema de déficit de atención, aunque eso es otro tema-; sin mover el culo de la silla y ahorrando una barbaridad en suelas, experimento la ubicuidad que se predica de Dios… Consigo de todo a golpe de clic, y cuando digo de todo, es así: si alguien repasa mi historial de compras en Groupon sabría tanto de mí que…(¿cómo termino yo esta frase ahora: con un “me conocería perfectamente”, “entendería mis horarios, mis entradas y salidas”… o con un “me tendría miedo”?).

Además, adoro la filosofía de comprar barato. Por encima de las ofertas sólo amo el gratis total. Sepan desde ya que mi mantra personal, mi lema vital que describe mi modus vivendi y mis tendencias más innatas es, desde hace años, “compro luego existo“. Sí, se hartarán de leerlo en mis artículos, en mis libros y en mis blogs. Pues por ese “compro luego existo” entiendo, entienden ellos -los de Groupon- y entenderán ustedes, que están ante la persona más indicada para proporcionarles ideas de gasto. Les regalaré sugerencias para que adquieran cupones que serán la llave de experiencias lúdicas, médicas, domésticas, gastronómicas, tecnológicas… Seré la cobaya que pruebe ciertos productos y servicios… y les relataré con la incontinencia verbal que me caracteriza en qué consisten y cómo los valoro y para qué les van a servir. Aunque la mayoría de todas estas cosas se las comprarán para lo de siempre… Lo digo, porque a estas alturas de mi vida sé a ciencia cierta que nadie va al gimnasio, ni se depila, ni se mata de hambre, ni se funde la tarjeta en cremas y en modelazos o consiente que le claven treinta veces una aguja en la cara para que le metan bótox para ser mejor persona, sino para ligar, para poder tener más y mejor sexo…

En fin, ahí va mi primera recomendación, lujosa, pasional y divertida: háganse con el Cabaret Folies Café. Les dejo con mis mejores deseos de que sucumban al gozo.

Comentarios

  • Por MG
    a 10. Agosto 2012
    a las 01:31


    La verdad es que no me gusta nada la forma en la que escribes. Y pareces un poco creída.

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